
Bartholomeus van der Helst (Haarlem, 1613 – Ámsterdam, 1670) fue uno de los grandes retratistas de la pintura neerlandesa del Siglo de Oro. Hijo de un posadero, se instaló en Ámsterdam hacia 1636, año en que se casó, y allí construyó una carrera que lo convirtió en el retratista más solicitado de la ciudad. Su obra importa porque recoge el gusto de la burguesía urbana por verse retratada y por los retratos de grupo de las milicias cívicas.
Su formación es poco conocida. Probablemente conoció en Haarlem la obra de Frans Hals, y en Ámsterdam se le relaciona con Nicolaes Eliasz. Pickenoy, aunque no hay certeza. Su primer cuadro datado es un retrato de grupo de los regentes del orfanato valón, de 1637. En 1639 recibió su primer encargo de schutterstuk, el retrato de la compañía del capitán Roelof Bicker.
Su estilo combina la elegancia de Van Dyck con una factura pulcra y favorecedora, más comercial que la introspección tardía de Rembrandt, su contemporáneo en Ámsterdam. Algunos discípulos de Rembrandt, como Ferdinand Bol y Govaert Flinck, adoptaron su manera en lugar de la de su maestro. Su gran retrato de grupo de la Guardia Cívica de Ámsterdam, que celebra la Paz de Münster, realizado en 1648, le dio una fama duradera. Joshua Reynolds, al verlo en 1781, lo elogió como quizá el primer cuadro de retratos del mundo. Además de retratos, pintó algunos cuadros históricos, bíblicos y mitológicos.
Su legado perdura sobre todo en el retrato de Gerard Andriesz Bicker, a menudo citado como imagen de la riqueza de los comerciantes de Ámsterdam en la Edad de Oro. Tras su muerte, su viuda puso sus obras a la venta en 1671, probablemente por la difícil situación económica de los Países Bajos.
Obras (14)





Obra de Bartholomeus van der Helst fechada en 1641, pertenece al género del schutterstuk, el retrato colectivo de las compañías de milicia cívica de las ciudades neerlandesas. Muestra a los miembros del distrito VIII bajo el mando del capitán Roelof Bicker, reunidos en una escena de grupo de gran formato. Al no contar con más fuentes de referencia, no es posible precisar aquí detalles sobre su encargo o su recepción.

Retrato de un niño caracterizado como Cupido, el dios del amor de la mitología clásica, pintado por Bartholomeus van der Helst en 1644. El muchacho aparece con un carcaj, atributo habitual de la figura, y junto a él se distingue una burbuja de líquido, un detalle cuyo sentido concreto la ficha no precisa. La obra combina el género del retrato con una escena alegórica, un recurso frecuente en la pintura de la época para presentar a un modelo bajo una identidad mitológica.

Este óleo sobre lienzo de Bartholomeus van der Helst, fechado en 1645, pertenece al género del retrato en catafalco: muestra a un niño fallecido, tendido y presentado como si estuviera en su lecho de muerte. La ficha no permite precisar el encargo ni el contexto familiar de la obra, así que conviene limitarse a lo que se ve. La escena, con su mezcla de retrato y memoria funeraria, invita a pensar cómo la pintura de la época acompañaba el duelo.

Este autorretrato de Bartholomeus van der Helst, fechado en 1655 y pintado al óleo sobre lienzo, muestra al artista de medio cuerpo, vestido con elegancia y dirigiendo la mirada hacia el espectador. La ficha no recoge datos sobre el encargo ni sobre su recepción original, así que cualquier interpretación adicional debe tomarse con cautela. Lo que sí se aprecia es la intención de presentarse con dignidad y porte, rasgo habitual en el retrato neerlandés del siglo XVII.

Fechada en 1653 y pintada por Bartholomeus van der Helst, esta obra pertenece al género neerlandés del retrato de milicias cívicas, conocido como schutterstuk. Muestra a un hombre sentado en un interior, acompañado de un perro y de un asiento, en un ambiente sencillo y recogido. Se conserva en el Museo del Louvre, en París.


Retrato de una joven con un librito, pintado por Bartholomeus van der Helst en 1640 y conservado hoy en Harvard Art Museums. La modelo aparece sentada en una silla de brazos, sosteniendo un pequeño libro, en una composición sobria centrada en la figura. Del contexto de encargo y del significado concreto de la escena no hay datos en la ficha, así que conviene limitarse a lo que muestra la pintura.


Retrato de María Enriqueta Estuardo pintado en 1652 por Bartholomeus van der Helst, que la presenta como viuda de Guillermo II, príncipe de Orange. Su formato grande y vertical, propio del retrato de representación, sugiere probablemente la importancia social de la retratada. La obra se conserva en el Rijksmuseum de Ámsterdam.

Dónde ver su obra
- Rijksmuseum Amsterdam · 5
- Museo de Ámsterdam Amsterdam · 1
- Museo Metropolitano de Arte Nueva York · 1
- Cultural Heritage Agency of the Netherlands Art Collection Amersfoort · 1
- Museo de Arte de Toledo Toledo · 1
- Museo del Louvre París · 1
- Galería Nacional de Praga · 1
- Harvard Art Museums Cambridge · 1
- Museo Boymans Van Beuningen Róterdam · 1
Maestros y alumnos
Estudió con
- Nicolaes Eliasz. Pickenoy 1588–1653
Curiosidades
Un retrato convertido en símbolo
El retrato de Gerard Andriesz Bicker es hoy su imagen más famosa. Se suele utilizar para representar la opulencia de los comerciantes de Ámsterdam durante la Edad de Oro, aunque el modelo tenía solo 17 años cuando probablemente fue pintado hacia 1639. Ya tenía títulos de señor de Engelenburg y alto alguacil de Muiden, lo que muestra la posición social temprana de su familia y el peso que el retrato tenía como declaración pública de estatus.
Un ataque con fuego en 2006
El 25 de junio de 2006, Hans-Joachim Bohlmann, que ya había causado daños valorados en 130 millones de euros en ataques similares en Alemania, lanzó combustible de un encendedor sobre una de las pinturas de Van der Helst y le prendió fuego. El daño afectó sobre todo a la capa de barniz, aunque también se vieron alterados algunos sectores de la pintura, la tela original y el marco. Bohlmann había sido liberado en enero de 2005 tras más de 16 años en psiquiatría.
El elogio de Joshua Reynolds
Cuando Joshua Reynolds visitó Ámsterdam en 1781, quedó impresionado por el gran cuadro de la Guardia Cívica que celebra la Paz de Münster. Según el relato disponible, lo consideró quizá el primer cuadro de retratos del mundo, por reunir más cualidades de un retrato perfecto que cualquier otro que hubiera visto. Su admiración da idea de la reputación que Van der Helst conservó mucho tiempo después de su muerte.