
Inca Garcilaso de la Vega
1539–1616 · cronista, historiador y escritor mestizo peruano del Siglo de Oro
Inca Garcilaso de la Vega (Cuzco, 1539-Córdoba, 1616), nacido Gómez Suárez de Figueroa, fue cronista y escritor nacido en el Virreinato del Perú, hijo de un capitán español y de una noble inca. Se le considera el primer autor nacido en América que entró de pleno derecho en la tradición literaria occidental, y su prosa en castellano le dio un prestigio intelectual notable en la Europa de su tiempo. Su obra se ubica entre el Renacimiento y los primeros años del siglo XVII y se apoya en una doble herencia, la indígena y la española, que él supo conciliar.
Su infancia transcurrió en el Cuzco, entre la familia materna y la casa paterna, con una educación que incluyó gramática y ciencias junto a los hijos de los Pizarro, además del aprendizaje del quechua y el manejo de los quipus. Tras la muerte de su padre en 1559 viajó a España, donde, con el apoyo de su tío Alonso de Vargas, logró que la Corona le reconociera el apellido paterno. Allí adoptó el nombre de Garcilaso de la Vega y se instaló en Montilla y, más tarde, en Córdoba.
Su carrera militar fue breve y terminó tras participar en la represión de la rebelión morisca de las Alpujarras, donde alcanzó el grado de capitán. Después se dedicó a la cultura. Su primer libro fue la traducción de los Diálogos de amor de León Hebreo, publicada en Madrid en 1590, que le dio reputación entre los humanistas. Frecuentó los círculos de Sevilla, Montilla y Córdoba, donde se relacionó con eruditos y con el jesuita Juan de Pineda.
Su primera obra original fue La Florida del Inca, publicada en Lisboa en 1605, que narra la expedición de Hernando de Soto por el sureste de Norteamérica a partir de los relatos de sus supervivientes. Su obra más celebrada, los Comentarios reales de los incas, salió en Lisboa en 1609 y describe la cultura y la historia del Tahuantinsuyo, con una mirada favorable a los incas. La segunda parte, dedicada a la conquista del Perú, apareció póstuma en Córdoba en 1617 con el título de Historia general del Perú. Sus escritos se basan en la memoria de su infancia cuzqueña y en fuentes orales, aunque los historiadores posteriores han matizado su exactitud en algunos episodios.
Su legado es doble. Por un lado, su prosa clara y elegante lo convirtió en referencia de la historiografía peruana y de la literatura en español. Por otro, sus Comentarios fueron prohibidos en las colonias tras la rebelión de Túpac Amaru II, por temor a que avivaran el recuerdo del imperio inca, y su obra sigue siendo una fuente clave para conocer el mundo andino del siglo XVI.