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Retrato de Victorin Honoré Daumier
Imagen: Wikimedia Commons

Victorin Honoré Daumier

1808–1879 · pintor, litógrafo y caricaturista francés de la época realista

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Honoré Daumier (Marsella, 1808 - Valmondois, 1879) fue un pintor, litógrafo, caricaturista y escultor francés vinculado al realismo. Durante buena parte de su vida se ganó el sustento con la prensa satírica, y sus estampas retrataron la vida política y social de Francia desde la Revolución de Julio de 1830 hasta la caída del Segundo Imperio en 1870. Su pintura fue poco valorada por el público y la crítica de su tiempo, pero hoy se le considera uno de los grandes artistas franceses del siglo XIX, y su influencia alcanzó a pintores impresionistas y expresionistas posteriores.

Infancia y primeros oficios

Daumier nació en Marsella y, siendo niño, se trasladó con su familia a París. Era el tercer hijo y el único varón del vidriero Jean-Baptiste Daumier y de Cécile-Catherine Philippe. Su padre, además de vidriero, escribía versos y piezas de teatro, y su afán literario dejó a la familia en una situación económica precaria. Hacia los doce años, cuando el padre quedó incapacitado para trabajar, el joven Daumier tuvo que ponerse a trabajar. Primero fue recadero de un ujier de justicia y después dependiente en una librería del Palais-Royal, un lugar muy frecuentado por artistas, donde empezó a dibujar y a interesarse por el arte. Pasaba buena parte de su tiempo libre en el Louvre.

En 1822 entró como protegido de Alexandre Lenoir, amigo de su padre y fundador del Musée des Monuments Français, que le enseñó los fundamentos del dibujo. Al año siguiente ingresó en la Académie Suisse, donde podía dibujar del natural y trabar amistad con otros estudiantes, como Philippe Auguste Jeanron y Auguste Raffet. La litografía era entonces una técnica relativamente nueva, que permitía imprimir con rapidez y a bajo coste frente al grabado y el aguafuerte tradicionales. Daumier la aprendió de Charles Ramelet y trabajó para el editor Zéphirin Belliard, realizando de forma a menudo anónima ilustraciones, anuncios, escenas callejeras, retratos y caricaturas durante los años veinte.

Caricatura y prisión

Tras las Tres Gloriosas de 1830, surgieron en París nuevas publicaciones satíricas ilustradas, de tendencia izquierdista y dirigidas a las clases trabajadoras. Estas revistas sostenían que la revolución la habían ganado los obreros y que, sin embargo, la burguesía se había apropiado de sus frutos con la complicidad del nuevo rey, Luis Felipe I. Daumier se sumó con entusiasmo a esa crítica. Sus primeras obras destacadas aparecieron en La Silhouette, el primer semanario satírico ilustrado de Francia, y después en La Caricature, fundada por Charles Philipon en 1830, cuya redacción reunía a Achille Devéria, Grandville, Raffet y al joven Honoré de Balzac como redactor literario.

La estampa Gargantúa, que mostraba al monarca como el glotón personaje de Rabelais, se publicó en diciembre de 1831 y provocó un proceso judicial. En febrero de 1832 fue condenado por incitar al odio contra el gobierno y por injuriar al rey, con una pena de seis meses de prisión y una multa de 500 francos. La condena quedó en suspenso en un primer momento, pero en agosto de 1832 fue encarcelado en Sainte-Pélagie. Según se cuenta, dentro de la cárcel siguió dibujando y escribió cartas en las que decía que producía dibujos solo para fastidiar al gobierno. Tras salir en libertad en febrero de 1833 se instaló en un falansterio de artistas de la calle Saint-Denis, donde trató a pintores y escultores como Paul Huet, Decamps o Préault.

La notoriedad que le dio el proceso fue grande, pero su beneficio económico fue escaso. En paralelo, Philipon fundó Le Charivari, que siguió el mismo tono crítico tras el cierre de La Caricature en 1834, y Daumier pasó a colaborar en ese diario, que se convirtió en su principal plataforma durante décadas.

La censura y el giro hacia lo cotidiano

En 1835, tras un atentado fallido contra Luis Felipe, se aprobaron las llamadas leyes de septiembre, que endurecían las multas y las penas de prisión para los periódicos que criticaban al rey y su régimen. La caricatura política directa se volvió arriesgada, y el propio monarca comenzó a aparecer como una pera en las viñetas. Daumier adaptó su trabajo: en lugar de atacar al poder de frente, satirizó las costumbres, las convenciones sociales y la vida de la burguesía y de los tribunales. Sus series sobre abogados, jueces, actores y ciudadanos corrientes muestran esa mirada, con una ironía que oscila entre lo mordaz y lo afectuoso. También atacó el pseudoclasicismo de la pintura de su tiempo en la serie L'histoire ancienne.

Su vida personal estuvo marcada por las deudas. En abril de 1842 se subastaron sus muebles por orden judicial para saldar lo que debía. En 1846 se casó con Alexandrine Dassy, con quien ya tenía un hijo, y se instaló en el Île Saint-Louis, donde vivieron hasta 1863. Allí frecuentó a escritores, poetas y pintores. Fue en un salón de ese círculo donde conoció a Charles Baudelaire, que se convirtió en un amigo cercano y en un gran defensor de su obra. En 1852 Baudelaire le dedicó un ensayo en el que lo llamó uno de los primeros hombres del arte moderno, no solo de la caricatura.

Hacia la pintura

En la segunda mitad de los años cuarenta Daumier se dedicó cada vez más a la pintura. En 1848, con la Revolución, se convocó un concurso para una alegoría de la nueva República. Gustave Courbet, que lo animó a presentarse, se abstuvo, y Daumier envió un boceto al óleo, La República, que fue bien recibido y le valió un puesto entre los veinte finalistas. Sin embargo, nunca llegó a desarrollar la obra definitiva, lo que se explica en parte por su conocida falta de puntualidad con los plazos.

Poco después recibió un encargo del Ministerio del Interior, a través de la Académie des Beaux-Arts, para un cuadro. Pese a que aceptó adelantos de pago, el boceto nunca llegó, y el asunto se prolongó durante catorce años. Finalmente entregó al gobierno una gouache de 1863, La ebriedad de Sileno, que se había expuesto en el Salón de 1850. Su primera participación en el Salón fue en 1849, con El molinero, su hijo y el asno. Entre sus pinturas de estos años abundan las escenas de tribunales, teatros, estudios de pintores, coleccionistas y trabajadores de París, a menudo repetidas en varias versiones.

Desde comienzos de la década de 1850 pasaba los veranos en Valmondois y en Barbizon, donde trabajaban Corot, Daubigny, Millet, Rousseau y otros artistas de la escuela de Barbizon, lo que afianzó sus amistades con ellos. Su estilo pictórico se nutrió de Delacroix, Corot, Millet y Rousseau y, en sus últimos años, de Fragonard y de los impresionistas. Sus cuadros muestran masas oscuras, contrastes entre tonos fríos y cálidos y una pincelada directa, apenas retocada.

Valmondois y los últimos años

A finales de los años cincuenta, Daumier estaba cansado del ritmo de producción de viñetas, que le exigía dos, tres o incluso ocho dibujos por semana. Le Charivari dejó de publicar sus caricaturas en 1860, y entre 1863 y 1865 vivió una época de penurias, con un continuo cambio de domicilio por Montmartre y el distanciamiento de muchos amigos. En 1864 el diario le ofreció un nuevo contrato y volvió a publicar.

En 1865 se instaló de forma permanente en Valmondois, en el norte de París, en una pequeña casa que alquilaba. Allí, con la vista cada vez más debilitada y en una situación de pobreza, siguió litografiando y pintando, y hacia 1866 o 1867 se dedicó en serio al tema de Don Quijote, que trató en numerosos lienzos durante los años siguientes. Su amigo Corot, en secreto, compró la casa que Daumier alquilaba y se la regaló como sorpresa, con una carta llena de humor en la que decía que se la ofrecía para fastidiar al propietario.

El reconocimiento llegó tarde. El Segundo Imperio quiso concederle la Legión de Honor, pero él la rechazó por coherencia con sus ideas políticas, y lo mismo hizo la Tercera República. En 1877 le fue concedida una pensión, que se elevó al año siguiente. En 1878 sus amigos organizaron en la galería Durand-Ruel de París una gran exposición de su pintura, la primera que mostró el alcance completo de su obra. No fue un éxito comercial, pero tuvo buena acogida entre el público y la crítica, y marcó un punto de inflexión en la valoración de Daumier como pintor. Murió en Valmondois en febrero de 1879, pocos meses después.

Pintura, escultura y legado

Como pintor, Daumier fue uno de los primeros en tratar temas realistas con una mirada crítica hacia las diferencias de clase, aunque nunca se proclamó realista ni defendió la ideología del realismo como lo hizo Courbet. Algunos historiadores lo han situado entre los románticos por su mirada humana frente a la pintura histórica o literaria. Sus cuadros eran radicales para la época, y sus temas, como los viajeros de tercera clase, los emigrantes o los jugadores de ajedrez, se repiten en varias versiones. Algunas obras, como Los jugadores de ajedrez (1863), se conservan en el Petit Palais, y El vagón de tercera clase, de 1864, es hoy una de sus pinturas más conocidas.

Daumier fue también un escultor notable. Modeló bustos en barro sin cocer, algunos de los cuales se reprodujeron en yeso para preservarlos, y tras su muerte se realizaron fundiciones en bronce a partir de esos moldes. Muchos de sus bustos sirvieron de modelo para sus pinturas y dibujos. Sus grabados se caracterizan por la sátira mordaz, la precisión en las expresiones y los gestos, y un uso sabio del color en las litografías, que se acercan a la calidad de la pintura. Se estima que realizó unas cuatro mil litografías, además de dibujos, grabados, cientos de pinturas y numerosas esculturas.

Su legado es doble. Como caricaturista y litógrafo, elevó la estampa satírica a una forma de crítica social y política; como pintor, anticipó la libertad del trazo y la mirada sobre la vida moderna que retomarían los impresionistas. Pintores posteriores como Emil Nolde, Ernst Barlach o James Ensor reconocieron su influencia, y hoy se le considera uno de los grandes artistas de la modernidad francesa.

Obras (16)

El vagón de tercera
El vagón de tercera1862Museo Metropolitano de Arte
El melodrama
El melodrama1860Colecciones de Pinturas del Estado de Baviera
Los jugadores de ajedrez
Los jugadores de ajedrez1865Musée des Beaux-Arts de la ville de Paris
La lavandera
La lavandera1863Museo de Orsay
Don Quijote y Sancho Panza
Don Quijote y Sancho Panza1868Colecciones de Pinturas del Estado de Baviera
Ecce homo
Ecce homo1851Museo Folkwang
Los emigrantes
Los emigrantes1857Musée des Beaux-Arts de la ville de Paris
El vagón de tercera
El vagón de tercera1863Galería Nacional de Canadá
El vagón de tercera clase
El vagón de tercera clase1864Museo Walters

Daumier pintó esta escena en 1864 y la tituló a partir del vagón de tercera clase. Con formato pequeño, el cuadro se centra en los viajeros apretados en el compartimento, cuyos gestos y posturas parecen revelar cansancio y una convivencia forzada. Hoy se conserva en el Museo Walters.

Don Quijote y Sancho Panza
Don Quijote y Sancho Panza1865Galería Nacional de Arte de Karlsruhe

La obra muestra a don Quijote y a Sancho Panza, la pareja protagonista de la novela de Cervantes, tratada por Honoré Daumier en 1865. Su formato reducido, de unos 25 por 20 centímetros, probablemente apunta a un estudio de carácter íntimo. Hoy se conserva en la Galería Nacional de Arte de Karlsruhe, en Alemania.

Family on the Barricades
Family on the Barricades1848Galería Nacional de Praga
Crispín y Escapino
Crispín y Escapino1864Museo de Orsay

Óleo sobre lienzo de 1864 que toma sus figuras de la comedia del arte, tradición teatral basada en tipos reconocibles. Escapino, criado astuto de la farsa, es el personaje que da nombre a la escena junto a Crispín. No hay datos sobre su encargo ni su recepción, así que la lectura se limita a lo que muestra el cuadro: dos personajes de la tradición cómica en una situación de engaño.

Don Quijote y Sancho Panza
Don Quijote y Sancho Panza1866Antigua Galería Nacional de Berlín

Este óleo de 1866 presenta a don Quijote y Sancho Panza, los protagonistas de la novela de Cervantes, en una escena de género. Como indica su título, la obra se centra en la pareja de personajes más que en un episodio concreto de la historia. Se conserva en la Antigua Galería Nacional de Berlín, donde puede verse hoy.

La lavandera
La lavandera1863Museo Metropolitano de Arte

En esta tabla de 1863, Honoré Daumier presenta a una lavandera acompañada de un niño. La ficha no aporta más datos sobre su encargo o destinatario, por lo que conviene limitarse a lo visible: una escena doméstica y popular de trabajo, pintada al óleo sobre madera.

The Painter at His Easel
The Painter at His Easel1870Colección Phillips
Butacas de orquesta
Butacas de orquestaCincinnati Art Museum

Daumier, pintor francés conocido sobre todo por sus caricaturas y litografías, realizó esta obra al óleo sobre lienzo. Su título, Butacas de orquesta, sugiere una escena de teatro o de ópera vista desde el patio de butacas, aunque de ella se sabe poco más con seguridad. Hoy se conserva en el Cincinnati Art Museum.

Dónde ver su obra

Curiosidades

Una frase de Balzac

Balzac, que trabajó como redactor literario en La Caricature, comentó sobre las litografías de Daumier que aquel hombre tenía a Miguel Ángel en la sangre. La anécdota resume la admiración temprana que despertó el dibujante entre sus contemporáneos, incluso entre quienes no compartían su oficio. La frase se recuerda como una de las primeras valoraciones de su talento, mucho antes de que su pintura fuera reconocida.

Una carta de Corot

Cuando Daumier vivía en Valmondois, su amigo Corot compró en secreto la casa que él alquilaba y se la regaló por sorpresa. La carta que acompañaba el regalo era muy divertida, ya que decía que lo hacía para molestar al propietario y no por el propio Daumier. Así describía Corot su gesto de amistad, en un momento en el que el pintor vivía con pocos recursos y con la vista cada vez más debilitada.

Una obra de encargo que nunca llegó

El Ministerio del Interior encargó a Daumier un cuadro a través de la Académie des Beaux-Arts, y el asunto se alargó durante catorce años. Aunque recibió adelantos de pago, nunca presentó el boceto ni la pintura. Al final entregó una gouache de 1863, La ebriedad de Sileno, que ya había sido expuesta en el Salón de 1850. La historia ilustra su dificultad para cumplir plazos.