Cristo en el Huerto de los Olivos
Francisco de Goya, 1819

Este pequeño óleo sobre tabla muestra el episodio evangélico en que Cristo, en el huerto de Getsemaní, se enfrenta a la angustia previa a su Pasión. Goya lo pintó en 1819, cuando ya residía en Madrid, y lo hizo por encargo de las Escuelas Pías, la institución aragonesa donde había estudiado de joven. Forma pareja con La última comunión de San José de Calasanz, obra destinada al mismo centro, y hoy se conserva en el museo que la orden tiene en su sede.
La escena se organiza en torno a la luz. Un haz luminoso cae sobre Jesús, que aparece agotado y con el gesto abatido, mientras el ángel le presenta el cáliz que simboliza el sufrimiento que le espera. La tradición iconográfica suele presentar a este ángel como consuelo; aquí, en cambio, su actitud resulta inquietante y los rayos que descienden sobre el Salvador no transmiten alivio, sino más bien una carga difícil de soportar. Goya toma como referencia la visión de la Transverberación de Santa Teresa de Bernini, pero invierte su sentido místico.
Muchos estudiosos ven en esta lectura un reflejo del pensamiento crítico y antiabsolutista del pintor, una actitud que anticipa el tono sombrío de las Pinturas negras. Más allá de la anécdota religiosa, el cuadro muestra a un Cristo solo ante un destino ineludible, y en esa soledad se percibe una mirada profundamente humana sobre el sufrimiento y la duda.
- Pintor
- Francisco de Goya
- Fecha
- 1819
- Técnica
- óleo, tabla
- Medidas
- 47 × 35 cm
- Museo
- Museo Calasancio de los Padres Escolapios
- Género
- arte religioso
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