Procesión de aldea
Francisco de Goya, 1787

Procesión de aldea es un lienzo que Francisco de Goya pintó en 1787 para El Capricho, la quinta de los duques de Osuna, y forma parte de la serie de cuadros que decoraban la alameda de la finca. La relación de Goya con los Osuna, que venía desarrollándose desde 1785, le llevó a trabajar en un conjunto de escenas de temática popular pensadas para el salón del duque. Dentro de ese grupo, la obra comparte espíritu con piezas como Asalto al coche, La caída, El columpio o La cucaña, todas ellas centradas en la vida cotidiana de los españoles del siglo XVIII.
El motivo central es una de las procesiones patronales que tenían lugar en numerosas localidades españolas de la época. Desde la puerta del templo avanza el cortejo encabezado por el cura, el alcalde y los regidores, que sostienen un estandarte. Tras ellos, algunos fieles portan a la Virgen María sobre sus hombros, en un gesto que sitúa la devoción en el centro de la escena y en la vida comunitaria del pueblo.
El interés de la pintura reside en gran parte en su tratamiento del espacio. La iglesia y el fondo aparecen con una pincelada difuminada, de modo que el edificio y el paisaje quedan casi disueltos en la luz, mientras que las figuras del primer plano se definen con mayor precisión. Este contraste entre zonas nítidas y zonas atmosféricas dirige la mirada hacia el grupo procesional y lo convierte en un retrato colectivo de la sociedad aldeana.
Por su carácter, la obra ilustra la capacidad de Goya para convertir un asunto cotidiano y de devoción popular en una escena pictórica de gran intimidad, y es un testimonio útil de las costumbres religiosas de la España dieciochesca dentro del conjunto de cuadros que el pintor realizó para los duques de Osuna.
- Pintor
- Francisco de Goya
- Fecha
- 1787
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